GIALLO: Subgénero italiano del thriller y del terror.

El giallo toma su nombre de novelas de intriga y suspense de bajo precio publicadas en Italia cuyas tapas eran de color amarillo (giallo). Subgénero genuinamente italiano, surge como respuesta al agotamiento de otra corriente, el terror gótico, que, si bien lo había explotado con mayor protagonismo la productora británica Hammer (“resucitando” los monstruos clásicos de la Universal de las décadas treinta y cuarenta) también en el país trasalpino había dado destacables títulos como La máscara del demonio (La maschera del demonio, 1960, Mario Bava), El espectro (Lo spettro, 1963, Riccardo Freda), Danza macabra (1964, Sergio Corbucci) o Los amantes de ultratumba (Amanti d’oltretomba, 1965, Mario Caiano), cuatro títulos de diferentes directores pero protagonizados todos ellos por la actriz icónica del género, Barbara Steele.

La eclosión del giallo se produjo en el primer lustro de los años setenta, si bien suele considerarse como pionera la película Seis mujeres para el asesino (Sei donne per l’assassino, 1964, Mario Bava) en la que se introducirán gran parte de las características que marcarán la nueva tendencia cinematográfica. El giallo alcanzó gran popularidad por el excesivo tratamiento que hizo de la violencia, el sexo y el gore y, curiosamente, en Italia muchos de estos títulos no gozaron del favor de los espectadores al contrario de su exitosa exposición internacional.

 

¿Y cuáles son los rasgos distintivos del giallo?
  • Los personajes.

Podemos hablar de cuatro prototipos de personajes típicos del giallo. El primero de ellos sería el asesino, desconocido para el espectador, que normalmente viste de negro y utiliza sombrero y guantes de cuero negro. Asesina no por un fin concreto, sino por mostrar una psicología desequilibrada, donde, habitualmente, los traumas sufridos en la infancia son los que inducen al asesinato. El protagonista, bien femenino o masculino, es una persona corriente que se convierte en testigo casual de los crímenes cometidos (especialmente el primero), lo que le introduce plenamente en el carrusel de muertes de la película. También es arquetípico el inspector de policía, escéptico, cansado, un poco de vuelta de todo, pero que se muestra con una gran inteligencia para resolver los casos. El inspector suele ser interpretado por un actor americano o británico que dota al film de un tono internacional y se sirve de ello para la promoción fuera de Italia. Y por último, las víctimas, la mayoría de ellas mujeres de gran belleza. Su momento de mayor peligro ocurre curiosamente en su propio hogar cuando llega el momento de la intimidad y, por supuesto, de aligerar su indumentaria, bien sea para darse un baño, antes de dormir… Siendo ésta una constante que se repite hasta la saciedad, se habla en ocasiones del giallo como un género misógino, si bien, también se dan víctimas masculinas y, no es lo corriente, el asesino puede ser una mujer.

  • La utilización de la cámara.

El giallo utiliza la cámara subjetiva para mostrarnos la escena desde la posición del asesino lo que, además de introducirnos de lleno en la propia escena, evita que podamos conocer la identidad del asesino, pues nos situamos junto a él. También asistiremos con asiduidad a diversos primeros planos: violentas escenas con cierta predilección por los cuchillos clavándose en el cuerpo de la víctima e incluso en algunas ocasiones explicitándose desmembramientos, ojos temerosos y manos ensangrentadas, y, finalmente, y muy característico del giallo, primeros planos de insectos. Todo ello en un marco de secuencias de gran duración, llenas de coreografía y cuya explosión final es el hecho violento, hecho que, en ocasiones, utiliza la cámara lenta para causar un mayor efecto al espectador.

 

 

 

 

 

  • La trama.

El argumento se centra en los asesinatos y en el descubrimiento de su mano ejecutora. El giallo adolece de tramas secundarias de romance (el amor está muy poco valorado) o de desarrollo de los personajes. La única excepción es, precisamente, la del asesino, una vez descubierto y del que se nos muestra la razón (a veces a modo de flashback donde también la violencia vuelve a cobrar protagonismo) por la que comete sus crímenes. En cualquier caso la resolución del enigma siempre se produce al final de la película.

  • La música.

Al igual que sucede con el spaghetti western, la banda sonora es una parte muy importante de las películas que hablamos, algo lógico si pensamos en las largas secuencias mencionadas con anterioridad (como ocurría en las escenas, especialmente los duelos y la alternancia de miradas de diferentes personajes en las películas del Oeste). El mayor exponente lo encontramos en el gran Ennio Morricone, si bien no podemos olvidar a Riz Ortolani e incluso la música de sintetizador del grupo Goblin (que si bien participó en bandas sonoras del giallo, su mayor especialidad serían los trabajos para películas de terror).

  • La localización.

Si bien el terror gótico gustaba de lugares fuera de Italia para la localización de sus tramas (Londres era uno de los preferidos) no ocurre así con el giallo. Normalmente sus historias se desarrollan en ciudades italianas, con un regusto por los suburbios y por las calles oscuras y estrechas, así como por pomposos edificios antiguos en un estado de conservación deplorable.

  • La muerte.

Fundamental en el giallo, la muerte se manifiesta de madrugada. Es muy raro que el asesino actúe a plena luz del día, por lo que la falta de luz o la penumbra aumenta la dosis de angustia y de terror en la víctima. Recordamos que antes de llegar al fatal desenlace, la víctima, normalmente, se encuentra relajada en su hogar; de ahí pasa a un estado de alerta (algún ruido, llamada telefónica que se corta…) para terminar en el pánico que le produce conocer la presencia del asesino (pocas veces éste matará por sorpresa: gusta de ser visto por su objetivo).

 

 

 

 

 

  • Los títulos.

Resulta curioso comprobar la larga extensión de los títulos de la mayoría de estas películas, como tendremos ocasión de comprobar en breve, con predilección al uso de números y animales.
Dos son los nombres que sobresalen del resto en esta corriente: Mario Bava y Dario Argento. El primero podría considerarse el precursor del giallo. Hay fuentes que citan La muchacha que sabía demasiado (La ragazza che sapeva troppo, 1963) como el germen de este subgénero. Otras fuentes lo atribuyen a Seis mujeres para el asesino (6 donne per l’assassino, 1964). Durante los años sesenta Bava alternó el terror gótico con el emergente giallo, para dedicarse a él casi con exclusividad en los años setenta con títulos como Cinco muñecas para la luna de agosto (5 bambole per la luna d’agosto, 1970), Un hacha para la luna de miel (Il rosso segno della follia, 1970) y la emblemática Bahía de sangre (Reazione a catena, 1971) a quien algunos sitúan como el origen del slasher.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dario Argento es el director más representativo del giallo. Su carrera como director nace con su “trilogía animal” (recibe otras denominacione como “trilogía zoológica”) compuesta por El pájaro de las plumas de cristal (L’uccello dalle piume di cristallo, 1970), El gato de las nueve colas (Il gatto a nove code, 1971) y 4 moscas sobre terciopelo gris (4 mosche di velluto grigio, 1971) para llegar hasta, para nosotros, su mejor título en estos menesteres, Rojo oscuro (Profondo rosso, 1975). Toda la filmografía de Argento estará influenciada por el giallo, si bien su tendencia será acercarse más al género del terror (no hay que olvidar títulos como Suspiria, Phenomena o Tenebre). En 2009 el realizador rendirá homenaje a la corriente que tanto le supuso en su carrera con la película Giallo cuyo trailer podéis ver a continuación.

 

Al tratarse de cine de género, gran número de directores se dejaron atraer por él. Sobre el resto destacará la figura de Lucio Fulci con Una lagartija con piel de mujer (Una lucertola con la pelle di donna, 1971), Angustia de silencio (Non si sevizia un paperino, 1972) y Siete notas en negro (Sette notte in nero, 1977). Otros títulos representativos son La cola del escorpión (La coda dello scorpione, 1971, Sergio Martino), La tarántula del viente negro (La tarantola del ventre nero, 1971, Paolo Cavara), Sumario sangriento de la pequeña Estefanía (Mio caro assassino, 1972, Tonino Valerii), La dama rosa mata siete veces (La dama rossauccide sette volte, 1972, Emilio Miraglia) o El asesino ha reservado nueve butacas (L’assassino ha riservato nove poltrone, 1974, Giuseppe Bennati).

La aparición del slasher marcará la decadencia del giallo a finales de los años setenta, si bien su estética ha perdurado hasta nuestros días. En Italia, el giallo coexistió con un cine de denuncia social, los últimos coletazos del spaghetti western y la comedia erótica. Todos ellos no superaron los ochenta. ¿Hacia donde derivó el giallo? Evidentemente, hacia el cine de terror, con el predominio de una nueva moda… el género zombie (pero eso, es otra historia). Os animamos, cinéfilos, a que conozcáis el giallo. No os defraudará.

 

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Publicado en CineTopic.

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